jueves, 31 de diciembre de 2009

Adiós, 2009

365Termina 2009. Aún no me acostumbraba del todo a este nuevo siglo y milenio cuando ya empieza una nueva década. 2010 suena a ciencia ficción. Y en cierta forma, lo es.

Desde hace unos días, de esta otra ciudad, desde este continente a miles de kilómetros del mío, me ha bastado abrir la computadora y dar algunos clics para que, al instante, aparecieran los rostros tan queridos de mi tía, mi prima y mis sobrinos. Qué invento prodigioso éste, que me devuelve la imagen como en ingravidez de mis seres queridos

Y la vida del otro lado de la pantalla aparece con un desfase pequeño de movimiento, y grande de contexto. Afuera, allá, brilla el sol y es pleno día: aquí, grandes nubarrones cubren el frío cielo de invierno y cae la noche. Allá, el autobús puede pasar en cualquier momento; acá, el tranvía circula según horarios establecidos y uno no puede decir “me dejó el tranvía” para justificar su retraso. Allá, uno dice libremente “te quiero” a la gente que quiere; aquí, uno se retiene por temor a que lo malinterpreten o a que lo juzguen demasiado sentimental. Allá, la diferencia de clases es enorme; aquí existe, pero se nota menos; allá, pocas personas se sientan solas en un café; aquí los cafés están llenos de solitarios.

Imposible transmitirles en unos minutos, ni siquiera en una hora completa, todo lo que guardo dentro; apenas encuentro las palabras. Estoy viviendo este momento aquí y allá; Internet nos trajo el don de la ubicuidad, quién lo hubiera creído. Esta noche, volveré a ver a mi tía, para quien poder vernos por una cámara resulta aún más increíble. Es una experiencia que no podría repetir a menudo; prefiero escribir; pues una parte de mí se queda allá con ellas, en la lejanía.

Despediré 2009 con cierta nostalgia –inherente a mi naturaleza de capricornio- por cada amigo que quisiera abrazar, pero con el ánimo tranquilo y agradecido por lo que viví este año y las lecciones que aprendí.

¡Que donde quiera que la celebren, con amigos o en familia, en casa o fuera, la última noche del año les sea muy grata y los haga felices!



jueves, 24 de diciembre de 2009

¡Feliz Navidad!

noel cadeaux Desde hace un tiempo, cada Navidad trato de eliminar todo lo que me parece una carga, una obligación inútil, y concentrarme en aquello que más disfruto, en lo que me hace verdaderamente feliz.

Dom está leyendo, mientras yo escribo este post y las maravillosas voces a capella de Anonymous Four (¡Siempre Anonymous Four estos días!) llenan el departamento. Tenemos velas encendidas, la cena cocinándose en el horno y nos tenemos el uno al otro; lo que es un tesoro.

Mis deseos de Navidad para ustedes: momentos de reflexión y paz, saberse parte de un “nosotros” –familia, amigos, pareja-, saber dar y saber recibir (que no siempre es tan sencillo como parece), y que esta noche disfruten plenamente los regalos, la comida y sobre todo, la compañía de sus seres queridos.

¡Feliz Navidad!


Anonymous Four- “On Yoolis Night: medieval carols & motets"



miércoles, 23 de diciembre de 2009

Mi mes de diciembre



Mi mes de diciembre ha sido mágico; varias personas que conocimos este año se han convertido en buenos amigos. ¡Adoro ese momento sutil en que un conocido se convierte en un amigo! La otra noche, pasamos una velada muy agradable con ellos; nos sorprendieron con su espíritu festivo y sus deseos de compartir. No hubo necesidad de pasar horas en la cocina preparando el platillo perfecto; quesos, pan, ensalada, buen vino y un delicioso mousse de frambuesa resultaron magníficos. Todo el mundo estuvo contento, lo sé porque se quedaron hasta la una de la mañana, cuando aquí la gente se despide generalmente antes de medianoche.

La magia de este mes también fue nuestra visita a Estrasburgo, y despertar uno de los días de la semana pasada y ver que estaba nevando. La primera nieve del invierno siempre me pone de muy buen humor.

Otra de las cosas mágicas de diciembre fue volver a encontrar a alguien muy importante en mi vida que creía haber perdido para siempre: mi antigua maestra de español y literatura. Gracias a la instantaneidad del correo electrónico, en apenas unos días, restablecimos la comunicación interrumpida durante largos años. ¡Magia pura!

Deseo que diciembre los sorprenda todavía con pequeñas y grandes alegrías; que lleguen agradables sorpresas, que los envuelva el afecto de los seres que más quieren en el mundo.



martes, 22 de diciembre de 2009

“Glosa de Navidad” de Marguerite Yourcenar

Hace años, leí este ensayo de la gran y erudita escritora belga Marguerite Yourcenar(1903-1987). El ensayo se intitula “Glosa de Navidad” y está incluido en el libro Le temps, ce grand sculpteur (editado en español bajo el título de “El tiempo, gran escultor”). Su lectura me conmovió mucho y me brindó explicaciones sobre la Navidad que ignoraba entonces. Como Yourcenar, no profeso ninguna religión; sin embargo, sí soy entusiasta de la Navidad, esa “fiesta de la comunidad humana”, como la define la autora, “la fiesta de la misma Tierra, que en su marcha rebasa esos momentos el punto del solsticio de invierno y nos arrastra a todos hacia la primavera”.

Glosa de Navidad - Marguerite Yourcenar

La época de las Navidades comercializadas ha llegado ya. Para casi todo el mundo –dejando aparte a los miserables, lo que nos da muchas excepciones- es un alto para el descanso, cálido e iluminado, en el período grisáceo del invierno. Para la mayoría de los que hoy celebran estos días, la gran fiesta cristiana se limita a dos ritos: comprar de manera más o menos compulsiva unos objetos útiles o no, y atracarse o atracar a las personas de su círculo más íntimo, en una inextricable mezcla de sentimientos donde entran a partes iguales el deseo de complacer, la ostentación y la necesidad de darse uno también un poco de buena vida. Y no olvidemos a los abetos siempre verdes cortados en el bosque –símbolos muy antiguos de la perennidad vegetal y que acaban por morir al calor de las calefacciones- ni a los teleféricos que sueltan a sus esquiadores sobre la nieve inviolada.

Yo no soy católica (salvo por nacimiento y tradición), ni protestante (salvo por algunas lecturas y por la influencia de algunos grandes ejemplos), ni siquiera cristiana en el sentido pleno del término, pero todo me lleva a celebrar esta fiesta tan rica en significaciones y también su cortejo de fiestas menores como el día de san Nicolás y la santa Lucía nórdicas, la Candelaria y la Fiesta de los Reyes Magos. Pero limitémonos a hablar de la Navidad, esa fiesta que es de todos. Lo que se celebra es un nacimiento, y un nacimiento como debieran ser todos, el de un niño esperado con amor y respeto, que lleva en su persona la esperanza del mundo. Se trata de gente pobre: una antigua balada francesa nos describe a María y a José buscando tímidamente por toda Belén una posada al alcance de su bolsillo, sin que nadie acepte alojarlos, ya que los posaderos prefieren a unos clientes más brillantes y más ricos, siendo finalmente insultados por uno de los que “aborrecen a los pobretones”. Es la fiesta de los hombres de buena voluntad –como decía una fórmula que no siempre encontramos ahora, desgraciadamente, en las versiones modernas de los Evangelios-, desde la sirvienta sordomuda de los cuentos de la Edad Media, que ayudó a María en el parto hasta José que calentó ante una escasa lumbre los pañales del recién nacido, y hasta los pastores embadurnados de grasa de oveja y a quienes Dios juzgó dignos de ser visitados por los ángeles. Es la fiesta de una raza a menudo a menudo despreciada y perseguida, puesto que el Recién Nacido del gran mito cristiano aparece en la tierra como un niño judío (empleo la palabra mito con respeto, como la emplean los etnólogos de nuestro tiempo, y como algo que significa las grandes verdades que nos superan y a las que necesitamos para vivir).

Es la fiesta de los animales que participan en el misterio sagrado de esa noche, maravilloso símbolo cuya importancia comprendieron algunos santos y sobre todo san Francisco, pero en el que han descuidado y descuidan inspirarse muchos cristianos corrientes. Es la fiesta de la comunidad humana, ya que es, o será dentro de unos días, la de los Tres Reyes cuya leyenda nos cuenta que uno de ellos era negro, alegorizando así todas las razas de la tierra que llevan al niño la variedad de sus dones. […] Es finalmente, la fiesta de la misma Tierra, que en su marcha rebasa esos momentos el punto del solsticio de invierno y nos arrastra a todos hacia la primavera. Y por esta razón, antes de que la Iglesia fijara esa fecha para el nacimiento de Cristo, era ya, en épocas remotas, la fiesta del Sol.

Parece que no es malo recordar esas cosas, que todo el mundo sabe y que tantos de nosotros olvidan.

1976.


Marguerite Yourcenar. Glosa de Navidad, en El Tiempo, gran escultor. Alfaguara Buenos Aires 1990, pg. 141


lunes, 21 de diciembre de 2009

El día más corto del año

21 decHoy, 21 de diciembre es el día más corto del año en el hemisferio norte. Hoy hace su entrada el invierno. Es el momento en el que el Sol alcanza su posición más boreal con respecto a la Tierra. En Europa, desde tiempos prerromanos, los celtas celebraban el solsticio de invierno con hogueras que simbolizaban el regreso del Sol -paradójica celebración de la luz en la más profunda obscuridad- y festejaban que los días se hicieran más largos a partir del día 21.

Aún nos quedan varios meses en que los días serán muy cortos. Como amanece después de las ocho y anochece antes de las cinco, hay sólo unas cuantas horas de luz al día; el resto del tiempo vivimos en la obscuridad. Por esta razón, la gente aquí enciende muchas velas y adorna las ventanas con lucecitas para alumbrar las largas tardes de invierno, como siguiendo un instinto ancestral de buscar la luz. En invierno, por el frío y porque anochece tan pronto, pasamos mucho tiempo dentro de casa. Nos invitamos entre amigos o vecinos a tomar un vinito y buscamos la cercanía de otros seres humanos. Afuera está nevando y sopla un viento gélido y yo estoy en casa, calientita y a salvo de las inclemencias del tiempo. Siento una alegría profunda y me siento afortunada de estar aquí, de tener un techo, una cama mullida, buena lectura, y sobre todo, personas maravillosas que iluminan mi existencia



viernes, 18 de diciembre de 2009

"Ailleuristes"

1551415735.img El departamento está en silencio. Diviso un sol pálido, abro un poco la ventana y vuelvo a cerrarla enseguida. Ya está haciendo ese frío intenso al que los que crecimos en climas más templados llegamos difícilmente a acostumbrarnos. Todavía, después de todos estos años, algunas mañanas aun me sorprende el hecho de encontrarme aquí.
La idea de vivir en otro país siempre me atrajo mucho. Siempre he sido lo que en francés puede llamarse, ailleuriste, alguien que sueña con otro lugar, con otras costumbres, con otros climas, con otra geografía. Tal vez sea un rasgo de mi personalidad, o tal vez influencia de mi madre, que también era una ailleuriste. Crecí escuchando canciones francesas de Piaf, de Brel, de Montand o de Aznavour en el tocadiscos portátil de mamá, un aparato en forma de pequeña maleta que podía llevarse a todas partes y que nos proporciono horas enteras de deleite musical. Me parece que la veo a ella en el sofá de la sala, con una pila de discos. Muchos de ellos llegaban de otros países, pues mamá era miembro de un club de amigos por correspondencia (en una época en la que no existía Internet, qué difícil parece imaginarlo ahora). ¡Aun hoy me parece sentir la emoción de ver llegar las cartas en sobres azules con timbres multicolores en otros idiomas que venían de tan lejos!
Aún nos recuerdo abriendo las cartas, mirando las postales: Paris, Ámsterdam, Canberra, Nueva York, Ginebra. Aún nos recuerdo. A ella le gustaba tanto explicarme todo, enseñarme dónde quedaban esos lugares en el globo terráqueo. Y yo me iba a dormir y soñaba con ciudades lejanas a las que viajábamos mamá y yo, las dos. Imaginaba los magníficos museos, nos veía recorriendo calles, entrando a acogedores cafés. Imaginaba el frío, la gente con abrigos. A los diez años, ya sentía esa nostalgia que no me ha abandonado.

Ahora, al ponerme el abrigo y salir la calle, pienso en ella y en lo mucho que le hubiera gustado vivir aquí. Pienso en ella. Sonrío.


miércoles, 16 de diciembre de 2009

Estrasburgo, ciudad de Navidad



DSC00105DSC00131 Como casi todos los años desde que vivo en Suiza, fuimos a pasar un fin de semana a Estrasburgo. De todas nuestras tradiciones de diciembre, ésta es sin duda la que más disfrutamos Dom y yo. Estrasburgo –y en general, la región de Alsacia- es famosa por tener el mercado de Navidad más antiguo de Europa (existe desde 1570) y por haber inventado muchas de las tradiciones de Navidad que pasaron de éste a otros continentes.

Así pues, fuimos a visitar a Jean-Marie, gran amigo de infancia de Dom, a Jill, su esposa, que es escocesa y de quien desde un principio me sentí muy cercana; y a Mary y Helène, sus dos hijas. La primera vez que fuimos eran aún niñas y ahora son ya todas unas jovencitas. Los cuatro son personas adorables; su departamento es muy acogedor y está lleno de libros y de velas. Pasamos en su casa tres días en los que cocinamos, conversamos largamente y nos pusimos al día sobre nuestras vidas. Visitamos con ellos el centro de la cuidad, que es muy antiguo y que alguna vez fue alemán. Estrasburgo es un cruce de caminos y punto intermedio de esa inmensa vía fluvial que es el Rin. Los canales de Estrasburgo hacen pensar en los de Ámsterdam o en los de Venecia. En diciembre, la ciudad está de fiesta y las antiguas fachadas de entramados se iluminan y resplandecen, dando a las calles un especto mágico. Estrasburgo huele a pan de especias y a galletas de gengibre. En el mercado de Navidad se vende artesanía de madera, de vidrio, textiles, muchas velas; en fin, todo un mundo de objetos tradicionales de Navidad. La mirada no se cansa de ver los escaparates repletos de chocolates, apetitosos gugelhopf, quesos y panes diversos.


Para nosotros, sin embargo, lo mejor de estas visitas anuales no es ni la ciudad ni las ricas decoraciones de Navidad, sino la compañía de nuestros amigos. Jean-Marie, Jill y sus dos hijas, que hablan en francés con papá y en inglés con mamá, saben crear y compartir generosamente el espíritu de la temporada. Jean-Marie y Dom celebran sus cumpleaños con pocos días de diferencia. Los celebramos en un restaurante típico. El domingo en la tarde, después de recorrer el mercado, empezó a nevar y regresamos a casa; tomamos té y encendimos la tercera vela de la corona de adviento. Un poco más tarde, comimos ostras y brindamos con champaña por momentos como éstos, que hacen que uno se regocije de estar vivo.




domingo, 6 de diciembre de 2009

La tradición de San Nicolás

Hoy, 6 de diciembre, varios países de Europa central y del Norte celebran la llegada de San Nicolás. 

En algunas ciudades, San Nicolás desfila por la calle acompañado del “Père Fouettard”, su ayudante, un personaje oscuro, contraparte de Nicolás, que pregunta a los niños cómo se han portado durante el año. Se trata de una tradición muy antigua, que se remonta a la Edad Media(1). Al cabo de los siglos, San Nicolás se transformaría poco a poco en el “Sinterklaas” holandés el “Père Noel” francés, el “Father Christmas” británico de la época victoriana, hasta llegar al Santa Claus estadounidense del siglo XX.
Típicos de este día, son unos muñecos de pan muy sabrosos que se conocen con diferentes nombres según el país. En Suiza se llaman grittibänz. Hoy en la mañana, desayunamos dos grittibänz cada uno; estaban buenísimos. Comiéndome estos hombrecitos de pan, empecé a sentirme llena de anticipación por Navidad, por los reconfortantes días de diciembre en los que haré solo lo que tenga ganas de hacer (sin dejarme contagiar en lo posible por el estrés que también implica esta temporada) y recargaré energías para el nuevo año.




(1) Encyclopaedia Universalis, 2007.

viernes, 4 de diciembre de 2009

Tarjetas de Navidad

tarjetas de navidad Algo que disfrutamos mucho Dom y yo es escribir felicitaciones de Navidad o de fin de año a nuestra familia y amigos más cercanos. Es otro de nuestros rituales de diciembre que nos hace sentirnos cerca de las personas que más queremos; como si un poquito de nosotros viajara con ellos. Una tarde a fines de noviembre, hago una visita a mi papelería preferida para escoger entre las tarjetas recién llegadas, las que mandaremos este año. La elección es difícil entre tantos modelos y paso un largo rato eligiendo. Los primeros días de diciembre, nos ponemos a escribir. Preparo té y pongo música acorde con nuestro ánimo, entre festivo y nostálgico -uno de nuestros grandes favoritos en esta temporada es Anomymous Four-.

Cuando era pequeña, mamá y yo también solíamos dedicar una tarde a escribir nuestras tarjetas de Navidad. Ella a los amigos que tenía por todo el mundo; yo, a mis mejores amigas de la escuela. Estos días de diciembre me traen recuerdos felices que se mantienen intactos a través de los años.

En este mundo de comunicación inmaterial, que alegría da recibir sobres y mensajes con letra manuscrita. Como en aquella época que parece tan lejana, pero que apenas ayer terminó.




martes, 1 de diciembre de 2009

¡Llegó diciembre!

                                                              Imagen: © luceluceluce - Fotolia.com
Llevo esperándolo once meses y hoy por fin al despertar, era el primer día de mi mes preferido. Después del café matinal, Dom y yo, impacientes como niños, abrimos la ventanita número uno del calendario de adviento; pequeña rutina que repetiremos cada mañana hasta el día 24. Diciembre acostumbra traernos pequeñas y grandes alegrías como los momentos que le robamos a las actividades cotidianas para dar un paseo o ir de librerías, o la visita de algún buen amigo, como la de Ariadna, el año pasado. La de ayer fue una de esas tardes robadas a la vida diaria; fuimos juntos por el calendario de adviento de este año (tardíamente, pues la gente aquí los compra desde mediados de noviembre para tenerlos listos el primero de diciembre), y luego pasamos un largo rato viendo libros y escuchando CD en una librería del centro de la ciudad como hace mucho que no hacíamos.
En su libro Simple Abundance, la escritora estadounidense Sarah Ban Breathnach escribe a propósito de este mes:
Los regalos de diciembre no nos llegan envueltos en papel de seda y cintas, sino en recuerdos queridos”.
Par mí, diciembre está lleno de recuerdos de infancia, de momentos felices y de las personas que más he querido y quiero en el mundo.